El objetivo de este Festival era divulgar algunos de los valores de nuestro patrimonio cultural y propiciar el diálogo intercultural con el público montrealense, quebequense y canadiense.
Afortunadamente, el día 9 de agosto, Día de Venezuela en el Festival, nos hizo un día espléndido, contamos con un excelente equipo de trabajo constituido por más de 50 voluntarios de la asociación, nuestros familiares y amigos también nos apoyaron, todos los kioscos de comida vendieron, hubo muchos niños en las actividades infantiles, la gente se acercaba al área de artesanía, el kiosco de la asociación fue también muy concurrido por quienes deseaban conocernos más. Hubo aproximadamente unas 5000 personas en el terreno.

Se cumplió nuestro objetivo, que era salir orgullosos del espectáculo. Una Soraya Benítez magistral, un Gregory Moya y su Swing Latino excepcionales, un Churún Merú colorido, un Chigüire alegre, un Combo Solar juvenil, una Raquel Pérez animadora de ilusiones, un locutor (Javier Petroni) quien mantuvo a la multitud, una Martha Benavides “moviendo caderas”, unos voluntarios de los cuales nos sentimos orgullosos, público latino, canadiense y, por supuesto venezolano. Y para el deleite de los que esperaron hasta el final, Elvis Crespo, el famoso merenguero puertorriqueño que logró, a pesar del angustioso retraso de su llegada, un ambiente desenfrenado y poseído por las cualidades del artista y de su música.
Fue todo un espectáculo, con unas buenas arepas, con un tricolor bien en alto, con una música y una danza que nos hace sentir orgullosos de ser VENEZOLANOS y de haber sido los organizadores del evento. Una vez más, dejamos el nombre de Venezuela en alto,
¡¡¡¡¡¡ QUE VIVA VENEZUELA!!!!!
Jesús Salcedo V. Junta Directiva de Amitiés Québec-Venezuela
TALENTO SIN FRONTERAS EN EL DÍA DE VENEZUELA
Por Jacinto Salcedo
“Con esas dos arepas que me metí ya pagué el viaje desde Quebec”... estas fueron las palabras con las que conocí a un “pana” maracucho: Darwin. Ese día llegamos en familia al parque Jean Drapeau como a las 12 del mediodía y nos entretuvimos, naturalmente -como todo turista- en los chorros de agua. Luego del “peaje” acuático nos acercamos a las taquillas del Festival Latinoamericano y entre el calor y la emoción ya era hora de comer. Las mesas estaban ocupadas y finalmente nos sentamos junto con dos maracuchos, una barquisimetana-colombiana y una quebeca nacionalizada maracucha. Las arepas las habían comprado a José Bolívar quien tenía un kiosko ese día. Yo, como venezolano de paso por estas tierras, no quise comer arepas y me aventuré con otras delicias latinoamericanas que se expendían allí, pero debo confesar que entre las pupusas salvadoreñas y nuestras arepas me quedo con las segundas.
Cuando me acerqué a los organizadores pude ver la emoción a flor de piel. Todos corriendo y sudando... pendientes de los voluntarios y de las agrupaciones musicales, ansiosos pero contentos. Fue muy gratificante ver a ese grupo de compatriotas de Amitiés Quebec-Venezuela trabajando juntos, como una familia, en este evento-concierto. Allí caí en cuenta de varias cosas. Primero que la historia de toda esta gente es similar: vinieron a este país remoto a echar pa`lante y no ha sido fácil, pero como bien lo dijo Soraya Benítez en su concierto: aquí se encontró y descubrió lo que tenía por dentro. Pero también caí en cuenta de que organizar este evento los ponía en una situación complicada, con mucha tensión de por medio: había ciertas complicaciones técnicas por la magnitud del evento, la necesidad de cumplir con la población latina de Montreal, con las autoridades de la Ville y del parque, y al mismo tiempo se ponía en evidencia un aire de añoranza por nuestro país. Pero en fin de cuentas se hizo evidente que los amigos de aquí son la familia: con ellos se cuenta en los momentos difíciles y en las alegrías. Todo eso estaba allí.
En cuanto al evento, el menú musical fue toda una revelación: todos artistas de origen venezolano radicados en Canadá (con excepción por supuesto de Elvis Crespo). Desde bailes tradicionales con la agrupación de Ottawa Churún Merú, el Combo Solar, el trío Chigüire, una excelente banda de salsa con Gregory Moya a la cabeza y la canta-autora Soraya Benítez, la oferta demostró que el talento no tiene fronteras.
Capítulo aparte es la historia de Elvis Crespo. La gente se preguntaba ¿y es venezolano?, pues no... pero ¿qué mejor lugar en el mundo para unir las voluntades de los países?, pues Montreal. Este lugar es un verdadero crisol de culturas, reducto de inmigrantes que con pujante esfuerzo dan su aporte a un país en crecimiento como lo es Canadá. Eso puede ser el cielo o el infierno y por supuesto tiene sus consecuencias... como cuando esperamos por 2 horas y media al merenguero puertoriqueño que casi nos deja con los “crespos” hechos.
No fue perfecto (¿acaso hay algo que lo sea?) sin embargo yo me anoto en el grupo de los optimistas que viendo medio vaso de agua dicen: hay medio vaso lleno. El saldo de este largo día me quedó claro cuando a las 2:30 de la mañana, mientras un grupo de 12 personas se quedaron a recoger la basura le pregunté a un voluntario ¿Qué hora es? Y me dijo: “hora enamorada, hora enamorada, hora enamorada”.
¿Y el maracucho?, no lo volví a ver, sólo espero que cumpla su promesa de recibirme en su casa cuando vaya a Quebec.
Algunas fotos de otras actividades que se desarrollaron en este día:
Y algunos de nuestros queridos voluntarios...
CHAPEAU!!!
¡GRACIAS A TODOS POR SU PRESENCIA Y POR SU APOYO!